Qué feliz soy en el campo. Qué satisfacción pasar el día recorriendo los montes sin otra preocupación que avistar un cervatillo o discernir entre los distintos tipos de árboles. Qué distinta sería la vida amaneciendo entre robles y pinos y acostándose contando las infinitas estrellas…
Me he estado levantando pronto estos dos días y con los primeros rayos del sol he realizado mi rutina yóguica; eso me ha llenado de satisfacción, empezar el día con el trabajo hecho, respirar el aire fresco de la mañana y llenarme de energía para el resto de la jornada.
Espero que el chute me dure para toda esta semana, porque la vuelta a la realidad es muy dura.

Este fin de semana me voy al campo, otra vez tendré que combinar las rutas por el monte con la cuarentena y aunque será una matada, lo haré. Lo que no podré hacer es escribir aquí, pero el lunes me pondré al día.

El kriya y la meditación de hoy han un poco rápidos porque nos tenemos que ir ya.

Sat nam!

Ay, qué pereza me da el nhabi kriya, no puedo más. Quiero que acabe :/

Ayer volví a encontrarme con una parte de mi pasado que me asustaba. Mi primera reacción al saber que se podría producir este encuentro fue querer evitarlo, pensando que no era necesario pasar por eso. Pero finalmente conseguí enfrentarme a él. No traté de engañarme pensando que me daba igual sino que hice lo que ponía en el capítulo del miedo. Mirar esta sensación desde fuera, convertirla en emoción y disfrutar de ella. Tenía miedo, estaba nerviosa, ansiosa… pero realmente todo eso no era algo malo. Era como el momento de antes de la montaña rusa. Así que ya pasó.

El kriya y la meditación sin dificultades.

Recuperando poco a poco el ritmo, aunque he vuelto a medios tiempos me ha costado lo suyo. Muscularmente me noto bastante floja y sigo con la tripa como un tambor.

Hoy Alicia me ha fotocopiado unas páginas de un libro (Qué hay en mi mente?) que tratan sobre los miedos y los celos, algo que yo tengo que trabajar enormemente. Leerlo y darse cuenta es sencillo, la difícultad viene cuando hay que ponerlo en práctica. Pero al menos es un comienzo y creo que voy a leer estas páginas todos los días para que no se me olvide.

Una persona celosa ni siquiera puede disfrutar de la atención que sí recibe, porque siempre existe el peligro de que aparezca alguien más y le robe esa atención. Los celos conducen a intentos extravagantes y dolorosos de poseer y controlar la vida de la persona cuya atención queremos. Claro que esto hace que la persona esté menos dispuesta a dárnosla. Los celos también llevan a urdir intrigas disparatadas para desacreditar y dejar fuera a los rivales. ¡Qué manera tan dolorosa de vivir, centrados a tal grado en la amenaza de la pérdida, que nunca podemos disfrutar de lo que recibimos!

Otra vez con el estómago fatal. Esto ya me preocupa, si esta semana no termino de curarme tendré que ir al médico. He hecho tiempos reducidos otra vez :/

Ya estoy mejor. Hoy he podido volver a mis tiempos de kriya y otra vez poder aprovechar cada ejercicio. Lo que no sé es si voy a poder superar los medios tiempos porque cada vez que voy a más mi salud se resiente. Veremos qué tal esta semana.

Sigo mala, hoy era uno de esos días para tirar la toalla, pero he hecho mi kriya y mi meditación aunque con tiempos muy cortos. Tengo ganas de terminar ya con esta cuarentena y me pregunto por qué habré elegido el nahbi kriya :(

Otra vez me he puesto mala del estómago y estoy empezando a pensar que pueda tener algo que ver con el nahbi kriya, lo mismo de trabajar tanto esa zona estoy liberando toxinas que me están afectando. No lo sé, porque nunca me había puesto mala de esta manera, con estos pinchazos en el estómago y estas núseas.

Ayer también tuve la tarde petada de cosas, venían unos amigos a cenar y al salir del trabajo me fu ia la compra, luego recoger la casa y después preparar la cena. Apenas me dio tiempo a comer algo. Pero entre medias de todo el caos, encontré mi huequito para hacer mi kriya y mi meditación, que me dio la energía suficiente para no caerme desmayada del cansancio. Aunque ahora no puedo con mi alma. Qué sueño…