Ayer hablaba con Alicia de que lo realmente duro en la cuarentena no es el trabajo físico sino el mental. A estas alturas físicamente podría aguantar probablemente todos los ejercicios a tiempos completos, el problema está en que mentalmente no soy capaz. Son ejercicios tan largos que me agobia el hecho de saber de antemano que voy a estar, por ejemplo, diez minutos subiendo y bajando las piernas y además concentrada en ello. ¿Por qué? Francamente no tengo ni idea. Y sé que si en vez de hacerlo yo sola en casa lo hiciera en una clase con más gente también sería mucho más sencillo. Está claro que ahí está la lucha.