Todo vibra en el universo: desde una roca, hasta un pájaro, pasando por algo tan intangible como nuestros pensamientos. La diferencia es que algunas vibraciones son sutiles (pensamientos) y otras son densas (roca). Cuanto más vibramos más invisibles somos, cuando menos más densos.

En Yoga Kundalini cantamos mantras, ¿por qué?. Es sencillo, los mantras son fórmulas basadas en la vibración del sonido que alteran los patrones de la mente. Estos mantras llegan a nosotros después de haber sido utilizados y probados por los grandes maestros desde siglos atrás. Los mantras siempre son sonidos positivos. Muchas veces nos han dicho o hemos podido comprobar lo importante que es el pensamiento positivo para la recuperación de una enfermedad. Igualmente muchas veces se atraen las desgracias simplemente teniendo un pensamiento negativo. La palabra es importante, muy importante; tenemos que tener cuidado con lo que decimos y con lo que pensamos porque la vibración positiva o negativa de nuestras palabras afectará a nuestra vida y a la de los que nos rodean.

Cantar mantras es un método (milenario) consciente para controlar y dirigir la mente. Nos transformamos en lo que vibramos. ¿Cómo funciona?.
En el paladar duro, el que forma el techo de la boca, existen 84 puntos meridianos que se localizan a lo largo del interior de los dientes. El movimiento de cada parte de la lengua estimula estos puntos meridianos que mandan impulsos al hipotálamo. El hipotálamo está conectado por vasos sanguíneos a la glándula pituitaria, la glándula que controla al resto de la gándulas. Esto se traduce en instrucciones que regulan mensajeros químicos que van a todas la áreas vitales del cerebro y del cuerpo.

Naad Yoga es la ciencia que estudia cómo las vibraciones del sonido afectan el cuerpo, la mente y el espíritu por el movimiento de la lengua, la boca y los cambios químicos que se producen en el cerebro.

Shabh es la vibración o corriente de sonido que disuelve el ego, el cual nos impide ver nuestro auténtico ser.

Debo apurarme porque hay tantas cosas
recuperar el mar
eso primero
recuperar el mar desde una altura
y hallar toda la vida en cuatro olas
gigantescas y tristes como sueños

mirar el cielo estéril
y encontrarlo cambiado
hallar que el horizonte
se acercó veinte metros
que el césped hace un año era más verde
y aguardar con paciencia
escuchando los grillos
el apagón tranquilo de la luna.

Me desperezo
grito
poca cosa
qué poca cosa soy sobre la arena
la mañana se fue
se va la tarde
la caída del sol me desanima
sin embargo respiro
sin embargo
qué apretujón de ocio a plazo fijo.

Pero nadie se asusta
nadie quiere
pensar que se ha nacido para esto
pensar que alcanza y sobra
con los pinos
y la mujer
y el libro
y el crepúsculo.

Una noche cualquiera acaba todo
una mañana exacta
seis y cuarto
suena el despertador como sonaba
en el resto del año
un alarido.

Aquí empieza el trabajo.
En mi cabeza y en el almanaque
junto a mi nombre y cargo en la planilla.

Aquí empieza el trabajo.
Mansamente.
Son
cincuenta semanas.

(Poemas de la oficina. M. Benedetti)

Y el día llegó. He terminado mi cuarentena y la de cosas que han pasado, la de cosas que he aprendido. Leyendo el diario me doy cuenta de lo distinto que ha sido cada día. Todavía me quedan muchas cuarentenas por hacer, esto ha sido sólo el comienzo y me he demostrado a mí misma que puedo hacerlo. Pero también he visto muy de cerca mis debilidades y sé que aún necesito mucho trabajo y esfuerzo para superarlas .

Leyendo el capítulo 18 del libro he descubierto que estoy en la segunda etapa de aprendizaje, Karam Pad, la etapa del aprendiz. ¡ Y Cuánto me queda por aprender!

También he empezado hoy con uno de los trabajos del curso y me he dado cuenta que me va a venir fenomenal para afianzar conocimientos.

Mañana he quedado con las chicas para hacer yoga en el retiro, es genial tener unas compañeras como Lucía y Alicia para compartir estas cosas. Hablar con ellas me ha ayudado mucho esto días.

Ayer hablaba con Alicia de que lo realmente duro en la cuarentena no es el trabajo físico sino el mental. A estas alturas físicamente podría aguantar probablemente todos los ejercicios a tiempos completos, el problema está en que mentalmente no soy capaz. Son ejercicios tan largos que me agobia el hecho de saber de antemano que voy a estar, por ejemplo, diez minutos subiendo y bajando las piernas y además concentrada en ello. ¿Por qué? Francamente no tengo ni idea. Y sé que si en vez de hacerlo yo sola en casa lo hiciera en una clase con más gente también sería mucho más sencillo. Está claro que ahí está la lucha.

Recta final. Ya sólo me quedan dos días para terminar con la cuarentena y francamente, tengo muchas ganas. No de terminar con el yoga diario, que eso es algo que espero mantener a partir de ahora; pero sí de terminar con el nhabi kriya y con la meditación del calibre de la vida. Estoy cansada de hacer todos los días lo mismo. Últimamente lo que me pasa es que cada vez le añado más ejercicios al calentamiento para tener variedad y retrasar la llegada de los interminables minutos del nhabi kriya. El hecho de enfrentarme a lo angustioso de la rutina también es un reto y sé que me está fortaleciendo pero… ay…creo que respiraré aliviada el viernes, cuando ya no sea una obligación ;)

¿por qué cuando hago yoga siempre pienso en comida? todo el rato me vienen a la cabeza cosas que quiero cocinar. Qué difícil es librarse de los pensamientos, los dejas ir pero en cuanto bajas la guardia ya están ahí, llevandote a donde quieren.

Cómo noté ayer que estaba más en forma después de todo el fin de semana sin parar de moverme. Deberíamos tener tiempo todos los días para dedicarlo a movernos, pero no una horita sino tiempo de verdad, qué distintas serían las cosas.

Qué feliz soy en el campo. Qué satisfacción pasar el día recorriendo los montes sin otra preocupación que avistar un cervatillo o discernir entre los distintos tipos de árboles. Qué distinta sería la vida amaneciendo entre robles y pinos y acostándose contando las infinitas estrellas…
Me he estado levantando pronto estos dos días y con los primeros rayos del sol he realizado mi rutina yóguica; eso me ha llenado de satisfacción, empezar el día con el trabajo hecho, respirar el aire fresco de la mañana y llenarme de energía para el resto de la jornada.
Espero que el chute me dure para toda esta semana, porque la vuelta a la realidad es muy dura.

Este fin de semana me voy al campo, otra vez tendré que combinar las rutas por el monte con la cuarentena y aunque será una matada, lo haré. Lo que no podré hacer es escribir aquí, pero el lunes me pondré al día.

El kriya y la meditación de hoy han un poco rápidos porque nos tenemos que ir ya.

Sat nam!

Ay, qué pereza me da el nhabi kriya, no puedo más. Quiero que acabe :/